La mujer en la economía local: nuevos roles y mayor participación

La mujer en la economía local: nuevos roles y mayor participación

La mujer paraguaya ha pasado por diversas etapas de participación en la economía paraguaya.

Por muchas décadas, su rol reproductivo ha sido el más relevante y durante el cual tuvo que hacer frente a la crianza de numerosos hijos. En efecto, hasta la década de 1970, las mujeres paraguayas tenían en promedio 6,9 hijos, a lo que debe agregarse que durante un largo periodo la población era eminentemente rural, por lo que se comprende su escasa participación en el mercado de trabajo urbano.

Una economía de circuito inferior consumía la escasa mano de obra, principalmente masculina, mientras que la mujer se circunscribía al ámbito doméstico, en un esquema de distribución geográfica de la población de clara preponderancia rural, con lo cual los empleos de los sectores industriales, de comercio y de servicios, se reducían a márgenes muy limitados. A diferencia de los países de la región, Paraguay no experimentó proceso alguno de sustitución de importaciones que hubiese desarrollado la industria. Por el contrario, la economía paraguaya siguió articulándose en torno a la agricultura y la ganadería hasta la primera década del siglo XXI.

Recién en la presente década, el sector de comercio y servicios comienzan a dinamizarse, alimentados por una creciente urbanización, mayores ingresos y, por lo tanto, más demanda de trabajo. 

Durante los últimos treinta años, la economía y la sociedad paraguaya han experimentado transformaciones estructurales de envergadura, tanto en términos de volumen como de naturaleza productiva. Así, el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), el ingreso de divisas por el crecimiento de las exportaciones y las crecientes inversiones en distintos sectores, especialmente en el inmobiliario, terminaron por dar una nueva economía, no solo basada en el sector primario, sino en los demás sectores. 

La economía se diversificó y en varios sectores se sofisticó, logrando mejorar la capacidad productiva, al mismo tiempo de generar nuevas oportunidades. 

En resumen, la transición de una economía basada casi exclusivamente en el sector primario a finales del siglo XX, a otra de comercio y servicios a inicios del siglo XXI, modificó no solo la economía, sino también generó nuevas demandas de empleo que requerían la participación más activa de las mujeres.

De esta forma, al mismo tiempo que disminuía sostenidamente el número de hijos por mujer y mejoraba el equipamiento de los hogares, por ejemplo, con la expansión y casi universalización del lavarropas, las mujeres disponían de más tiempo y mejores condiciones de inserción al mercado de trabajo, aunque mantenían las responsabilidades y tareas hogareñas. 

Para que la mujer pueda salir a trabajar fuera del hogar se precisaron de mayores niveles de educación formal.

Se adaptaron al mercado

Las féminas mostraron niveles satisfactorios de adaptación a la demanda del mercado, logrando concluir los diferentes ciclos educativos, llegando incluso al superior o universitario, fenómeno que parecía lejano hace solo dos décadas. 

En otras palabras, la reducción del trabajo doméstico significó una monetización del trabajo femenino, aunque, como es sabido, en condiciones de inferioridad en relación al hombre, especialmente en lo referente al salario. 

Las mujeres paraguayas acompañaron el proceso de transformación de la estructura productiva, con una participación muy activa en el sector de comercio y de servicios principalmente, el que mayor crecimiento mostró en las últimas décadas. 

En esta edición se analiza la participación de la mujer como importante fuerza de trabajo, por ende, de relevancia en el crecimiento económico del país.

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