La diferencia de magnitudes

La diferencia de magnitudes

- El hecho consumado 

La prevalencia de la diferencia de magnitudes en las relaciones de Brasil y Paraguay ha sido la constante desde la finalizaci√≥n de la Guerra del 70. El garrote de Pedro II, que impuso nuevos l√≠mites a un pa√≠s ocupado por sus huestes imperiales, fue sustituido por otro instrumento. Aparentemente menos gravoso, aunque perpet√ļe los abusos m√°s indignos y los cr√≠menes m√°s deleznables: la pol√≠tica de hechos consumados, que no reconoce el Derecho Internacional.¬†

- Itaip√ļ es el reflejo de esta abusiva pol√≠tica¬†

En efecto, el Acta Final de Foz de Yguaz√ļ de 1966 fue el gui√≥n seguido por Itamarat√≠ para lograr su plan de explotaci√≥n hidroel√©ctrica del r√≠o Paran√°. No obstante, el proyecto era dificultado por la posesi√≥n paraguaya del Salto de Guair√°.

Con la aprobación de los gobiernos de turno del Acta Final, en junio de 1966, Brasil lograba por vía diplomática su objetivo de compartir, en condominio, las cataratas del Salto.

Resuelto el enojoso impedimento, los dem√°s t√©rminos del Acta Final, escondidos al escrutinio p√ļblico ‚Äďdivisi√≥n en partes iguales del producto energ√©tico y precio justo por el excedente-‚Äď, no fueron respetados en el Tratado de Itaip√ļ de 1973. El Acta corri√≥ la misma suerte del acuerdo de Tres Mar√≠as, propiciado por el presidente Goulart, el 19 de enero de 1964.

Instalado el caballo de Troya, dibujado en el Acta Final, la ancha avenida del hecho consumado, para instalar Itaip√ļ, fue de mero tr√°mite. As√≠, Itamarat√≠ blanqueaba la pol√≠tica de facto que se apropiaba por la fuerza de las cataratas del Salto.

En el Acta Final de 1966, no figuraba ni por asomo el retiro de las tropas invasoras, que desde junio de 1965, estaban asentados en territorio nacional.

La restauraci√≥n de los l√≠mites de Paraguay no interesaba a Brasil, metido en su plan de explotaci√≥n del r√≠o Paran√°. En una posterior nota, que expresaba la ‚Äúmagnanimidad‚ÄĚ brasile√Īa, se explicaba que por razones de confraternidad se retiraba la tropa de ocupaci√≥n, aunque no sucediera en la realidad.

- Solo en los papeles 

La tropa brasile√Īa se retir√≥ efectivamente en 1982, gracias al agua embalsada de Itaip√ļ. Brasil, no cumpli√≥ lo prometido luego de la reuni√≥n de Foz de Yguaz√ļ. Nunca retir√≥ la tropa invasora.

La negociaci√≥n para la desocupaci√≥n de sus tropas del territorio nacional, auspiciado por el Canciller norteamericano Dean Rusk, qued√≥ en aguas de borraja: en el Acta Final de Foz de Yguaz√ļ, en ning√ļn momento se trat√≥ la invasi√≥n al Paraguay. S√≠ el proyecto de explotaci√≥n energ√©tica del r√≠o Paran√°. De esta manera, Itamarat√≠ meti√≥ en su vaina los compromisos asumidos con los Estados Unidos.

El r√©gimen gobernante ocult√≥ el hecho. Timorato como lo fue siempre, no movi√≥ un dedo, continuando como si nada la ‚Äúnegociaci√≥n‚ÄĚ del leonino Tratado de Itaip√ļ. El oficialismo (Gobierno, Congreso, Poder Judicial) obedec√≠a a los intereses brasile√Īos. Con esa fr√°gil actitud, el oficialismo del Congreso Nacional ratific√≥ sin cuestionamientos el Tratado de Itaip√ļ.

En el Tratado, en cuyo pre√°mbulo, como un decorativo, figura el Acta Final de Foz de Yguaz√ļ ‚Äďardid necesario para destacar un aprovechamiento conjunto‚Äď, son puras pamplinas: el papel lo aguant√≥ todo.

La realidad del Tratado

La realidad del Tratado impon√≠a que toda la energ√≠a producida por Itaip√ļ pertenec√≠a a Brasil. Al desaparecer el precio justo del Acta Final, como consecuencia del derecho de adquisici√≥n establecido en el Tratado, toda la producci√≥n energ√©tica correspond√≠a a Brasil.

Paraguay deb√≠a contentarse con un m√≠nimo aprovechamiento, cuya p√≠rrica compensaci√≥n por la cesi√≥n de energ√≠a ¬°pagaba Itaip√ļ! De este modo, la otra Alta Parte Contratante (Estado paraguayo), se compensaba a s√≠ mismo por la cesi√≥n de su energ√≠a.

Este may√ļsculo esc√°ndalo fue celosamente ocultado mediante propagandas auspiciadas por Itaip√ļ. Los principales referentes de la soberan√≠a nacional ‚ÄďMinisterio de Relaciones Exteriores y Fuerzas Armadas‚Äď, entre ellos, experimentados oficiales retirados de las Fuerzas Armadas, siguen creyendo en el cuento propagado por Itaip√ļ.

- La clientela política 

El clientelismo pol√≠tico o intercambio extraoficial de favores, pagado generosamente con la complacencia interesada de la margen brasile√Īa, sigue abrumando a los √≥rganos de administraci√≥n paraguayos, que omiten su ineludible deber de defender la principal riqueza del pa√≠s. Pol√≠ticos improvisados, son miembros, incre√≠blemente, del Consejo de Administraci√≥n y del Directorio Ejecutivo de la empresa binacional. Algunos con notable aver√≠a moral, hecho que les inhabilita a representar al Paraguay.

Abonado por los gobiernos de turno, salvo honrosas excepciones, el unilateral control brasile√Īo sobre Itaip√ļ se resiste en reconocer la contribuci√≥n paraguaya en la monumental obra. El Paraguay, adem√°s de contribuir con las aguas del Paran√°, soport√≥ la desaparici√≥n del maravilloso del Salto de Guair√° y una gran porci√≥n del bosque Atl√°ntico. Como si fuera poco, el pa√≠s carg√≥ con la mitad de la deuda contra√≠da para la construcci√≥n de Itaip√ļ.¬†

- Beneficios para Brasil 

El socio cond√≥mino, al imponer el proyecto que resolvi√≥ su demanda energ√©tica, paralelamente produjo enormes beneficios a su hacienda. Para ello, incorpor√≥ en Itaip√ļ:¬†

- Gravosas deudas espurias o deudas ‚Äúvencidas‚ÄĚ de empresas brasile√Īas que contrataron electricidad por debajo del costo.¬†

- Cobros de intereses exagerados por préstamos. 

- Compensaciones cargadas al costo del servicio de electricidad, instituyendo la autocompensación del Estado paraguayo. 

- Aumentos indebidos del costo del servicio de electricidad para generar lucros prohibidos por el Tratado. 

- La exclusi√≥n de la buena fe del cacareado ‚Äúpacta sunt servanda‚ÄĚ.¬†

- Conclusión 

Ante el desconocimiento del leonino Tratado de Itaip√ļ, instrumentado por Brasil para el logro de sus intereses y hartos de tanta corrupci√≥n que hizo posible la entrega de nuestra soberan√≠a nacional al Brasil, es menester que nuestras autoridades mastiquen con la debida responsabilidad el problema, deponiendo el indigno comportamiento que no se compadece del pueblo paraguayo.

Saltos

Con la aprobación... del Acta Final, en junio de 1966, Brasil lograba por vía diplomática su objetivo de compartir, en condominio, las cataratas del Salto.

Irrespeto

Resuelto el enojoso impedimento, los dem√°s t√©rminos del Acta Final, escondidos al escrutinio p√ļblico, no fueron respetados en el Tratado de 1973.

juanantonopozzo@gmail.com

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