Obispo pide a autoridades que “no se laven las manos” ante las injusticias

Monseí±or Ricardo Valenzuela, obispo de Caacupé, criticó la desidia de autoridades ante la necesidad del pueblo. En Domingo de Ramos instó a fieles a que aprovechen dí­as santos para reflexionar y perdonar.

En medio del rito de la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, durante el Domingo de Ramos, y ante una multitud que llegó a la Basílica de Caacupé, monseñor Ricardo Valenzuela, el obispo de la casa, pidió a las autoridades que "no se laven las manos" ante las situaciones de injusticias, criticó la desidia ante las necesidades del pueblo y apeló a la conversión de las personas en estos días santos.

 
Este mensaje lo dio ante feligreses de distintos puntos del país, marcando el inicio de la Semana Santa.

La imagen del Señor de las Palmas fue recibida por los fieles, que con ramos de pindo en mano rememoraron la entrada de Jesús a Jerusalén montado sobre un burro, tal como lo relatan las Escrituras.

Luego de la lectura de la Pasión y Muerte de Cristo, que fue representada al mismo tiempo en la explanada de la Basílica, el obispo reflexionó acerca de la injusticia que vivió Jesucristo y a quien lo llevaron "como un cordero al matadero" a la crucifixión.

El obispo de Caacupé refirió que esta misma falta de justicia se repite 2.000 años después de la Muerte y Resurrección del Hijo de Dios y puso como ejemplo el sufrimiento de los paraguayos a causa de las injusticias. Esto hace de Paraguay "un pueblo desamparado", puntualizó.

"Jesús lloraba porque las autoridades máximas de aquel tiempo buscaban acusaciones falsas para condenarlo, Jesús lloraba porque esto se repetiría", dijo Valenzuela, preguntándose: "¿Dónde están las autoridades a la hora en que les necesitamos?". "Ojalá no se laven las manos, ojalá tampoco busquen acusaciones falsas contra el inocente", refirió.

reflexión. Monseñor Ricardo Valenzuela recordó a los fieles que Jesús intentó por todos los medios llegar con su mensaje a todas partes y así también en esta época lo sigue haciendo en cada Semana Santa, pero la gente no se convierte, como en Jerusalén, a pesar de ver que él hizo tantos milagros, sanó, curó, liberó y, al contrario, su pueblo, su ciudad lo condenó.

"Qué le pasa al hombre, por qué esta contradicción", se preguntó el obispo, quien sostuvo que el pueblo no distingue entre el bien y el mal a la hora de elegir entre Jesús y Barrabás.

Instó a todos los católicos a reflexionar y discernir los destinos que promuevan la paz y fraternidad entre los paraguayos. Llamó al perdón y a no ser indiferentes a las injusticias de las que somos testigos día a día en todas partes.

 

"El objetivo es buscar el bien común"

"Toda autoridad pública, la de una familia, la de una institución educativa, social, económica, política, cultural o eclesial tiene el único objetivo: servir a los demás, buscar el bien común, realzar la dignidad de cada persona".
Este fue el mensaje que monseñor Edmundo Valenzuela, arzobispo de Asunción, dio a los fieles que 
recibieron ayer con las hojas de pindo en mano al Señor de las Palmas, en la Catedral Metropolitana.

El Señor Jesús –dijo Valenzuela– se rebajó hasta colocarse entre los más menospreciados. Lo mismo hicieron sus discípulos y las autoridades públicas también deben hacerlo y no ambicionar la realización personal o de la familia a costa de las luchas de poder. "Si bien son aspiraciones legítimas, y sin embargo, fueron desvalorizadas por Cristo, por el simple hecho de haber tomado el camino contrario. ¡Cómo contrasta la actitud del siervo de Dios, Jesús, con nuestras ambiciones, luchas de poder!".

Remarcó que el auténtico cristiano es el que imita la grandeza de Cristo Jesús y que este es el verdadero camino que todos deben seguir.

 

 
 
 

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