Un empate de locos que deja mejor sabor en Olimpia

Olimpia y Cerro Porteño empataron 2-2 en un clásico de locos, que parecía dejaba como ganador al Ciclón, que anotó el segundo gol en la adición, pero el Decano tuvo tiempo de encontrar y hacer efectivo un penal del hombre que pasó de héroe a villano. El arbitraje fue lamentable.

Un partido emotivo, polémico, completamente de locos, protagonizaron los dos rectores del fútbol paraguayo por la fecha 17 del campeonato nacional, el que terminó en un dramático empate en el estadio Defensores del Chaco.

El cuadro de Barrio Obrero hizo el segundo gol en la última pelota de la adición por intermedio de Marcos Acosta Rojas, pero después se produjo incidentes y terminaron expulsados Víctor Cáceres y Hernesto Caballero.

El árbitro, que le quedó grande el superclásico, dio un minuto más y ahí se produjo el penal de Rojas, que pasó sin escala del cielo al infierno. Jorge Ortega engañó a Antony Silva y gritó la paridad total.

EL PARTIDO. El Ciclón enfrentó su “partido de vida o muerte” con buena intensidad y mucha concentración, consciente que debía reducir espacio para evitar zozobras tempraneras. Lo hizo con expeditivos volantes, Topo Cáceres y Marcelo Palau, de tapones, Rodrigo Rojas y Juan Aguilar, cumpliendo roles de extremo.

Con mayor músculo en el mediocampo, el equipo azulgrana ingresó con mejor sensación en terreno enemigo. En el minuto 3, Diego Churín intentó poner en bandeja el gol a Fernando Ovelar, pero un cruce providencial de Otálvaro pausó la gloria del carasucias.

Llegaría al cierre de primer cuarto cuando Juan Aguilar vio la rendija en la estructura defensiva del rival y ubicó una preciosa habilitación para la definición de nivel de Ovelar, que con 14 años se metió en la historia del fútbol paraguayo como el más joven en debutar y también en marcar en un superclásico.

Con el gol, el partido se avivó por completo. El Decano adelantó un poco sus líneas porque jugaba más a resistir y puso con mayor asiduidad en acción el lado de Julián, que el de Hugo Quintana. Benítez entró como el reemplazante de último momento de William Mendieta, que experimentó molestias musculares en el calentamiento.

Y sin tener tantas chances, ya que reinaba la paridad en el fragor de la lucha, Olimpia encontró la paridad con Néstor Camacho, que desde una posición adelantada marcó el empate (26 m). El delantero sacó provecho de una jugada confusa, pero encontró mal parado al asistente y se validó el tanto.

El superclásico se siguió disputando con extrema vehemencia y debió ser parado en varias oportunidades por Óscar Velázquez. El árbitro, novato en estas lides, sintió la falta de experiencia. Luego de cinco minutos de adición, el juego partió a los vestuarios pero no antes del sablazo de Ovelar, que dejó en la retina que el niño está hecho de madera de mucha calidad.

El complemento no bajó los decibeles. La necesidad de ganar empujó a Cerro hacia el arco de Alfredo Aguilar. Tuvo más la pelota el equipo de Jubero y pudo asestar otro golpe cuando Rodrigo Rojas madrugó a José Leguizamón, cedió la pelota a Ovelar, pero no pudo controlar bien dejando pasar una buena ocasión (51 m).

Olimpia fue sumamente vertical, claro y peligroso cuando el rival daba el paso adelante con sus laterales. Quebrantó dos veces con Néstor Camacho y una vez con Roque Santa Cruz. Las réplicas fueron abortadas por Antony Silva y el extraordinario Juan Escobar, quien ganó casi todas las batallas personales.

En el final, el Decano metió a hombres para zurcir el sector medio y defensivo. Con un gran bloque a su frente, el Ciclón buscó inspiraciones en Conejo Benítez y Rodrigo Rojas. Pero un impensado como Marcos Acosta Rojas dio vida momentánea al Ciclón, que luego vio desvanecerse su esperanza en cuestión de segundo con la anotación final de Ortega.

Articulos Relacionados

Comentarios